Día Mundial de la Alimentación: pequeños hábitos para aprovechar mejor lo que comemos

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Fecha de publicación
15 octubre 2026
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Tiempo de lectura

6 minutos

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Día Mundial de la Alimentación: pequeños hábitos para aprovechar mejor lo que comemos

Cada 16 de octubre se celebra el Día Mundial de la Alimentación, una fecha que también puede servirnos para mirar hacia nuestra propia cocina y plantearnos una cuestión muy cotidiana: ¿aprovechamos realmente todo lo que compramos?

Una fruta que madura demasiado rápido, ese medio calabacín que queda olvidado en la nevera o una ración de comida que preparamos de más son situaciones habituales en cualquier hogar. Y muchas veces reducir el desperdicio no requiere grandes cambios, sino simplemente organizar mejor la compra, conservar correctamente los alimentos y aprender a dar una segunda oportunidad a lo que ya tenemos.

Con motivo del Día Mundial de la Alimentación, recopilamos algunos hábitos sencillos para aprovechar mejor los alimentos y sacar más partido a nuestra despensa y nuestra nevera.

Antes de comprar, mira lo que ya tienes

Aprovechar mejor la comida empieza incluso antes de entrar en el supermercado.

Revisar la nevera, el congelador y la despensa antes de hacer la lista de la compra ayuda a evitar que acumulemos alimentos que ya tenemos. Además, puede servir para decidir el menú de los próximos días.

Si quedan unos pimientos, medio calabacín y algunos huevos, por ejemplo, quizá no necesites pensar qué comprar para la cena: puedes empezar por pensar qué puedes cocinar con ellos.

También es útil colocar delante los productos que llevan más tiempo abiertos o cuya fecha de consumo está más próxima. Tenerlos a la vista hace que sea mucho más difícil olvidarse de ellos.

Compra pensando en lo que realmente vas a cocinar

Las ofertas y los formatos grandes pueden resultar atractivos, pero dejan de ser una buena opción si parte del producto termina en la basura.

Antes de comprar, piensa aproximadamente cuántas comidas vas a hacer en casa y para cuántas personas. No hace falta planificar cada plato de la semana al detalle, pero sí tener una idea de qué alimentos vas a utilizar.

También conviene prestar atención a las cantidades cuando cocinamos. Con el tiempo es fácil aprender cuánto arroz, pasta, legumbres o verduras necesitamos normalmente por persona y ajustar mejor las raciones.

Y si aun así sobra comida, no pasa nada. Lo importante es saber qué hacer con ella después.

Ordena bien la nevera

Una nevera ordenada no es solo una cuestión de espacio. También permite saber qué tenemos y consumir primero aquello que lleva más tiempo guardado.

Un truco sencillo consiste en aplicar la lógica de “primero en entrar, primero en salir”: cuando hagas la compra, coloca los productos nuevos detrás y deja delante los que ya estaban en casa.

Los recipientes transparentes también son especialmente prácticos. Si puedes ver rápidamente qué contienen, es más probable que recuerdes utilizar esas verduras cocinadas o esa ración que sobró de la comida anterior.

Y evita llenar la nevera en exceso: además de dificultar ver lo que hay dentro, una nevera demasiado llena puede impedir una correcta circulación del aire frío.

Aprende a conservar cada alimento

No todos los alimentos se conservan igual ni necesitan estar necesariamente en la nevera.

Algunas frutas y verduras pueden permanecer a temperatura ambiente hasta alcanzar el punto de maduración deseado, mientras que otras necesitan refrigeración. Una vez cortadas, las necesidades de conservación también pueden cambiar.

Utilizar recipientes adecuados y mantener bien cerrados los productos abiertos ayuda a prolongar su conservación y evita que absorban olores de otros alimentos.

En el caso de los productos Hida, una vez abiertos es importante seguir las indicaciones de conservación que aparecen en el envase y consumirlos dentro del periodo recomendado.

Ese pequeño gesto permite disfrutar correctamente del producto y aprovecharlo mejor después de abrirlo.

Convierte las sobras en ingredientes

Aprovechar las sobras no significa necesariamente volver a comer exactamente el mismo plato al día siguiente.

Muchas preparaciones pueden convertirse en el punto de partida de una receta completamente diferente:

  • Las verduras asadas pueden terminar en una tortilla, una crema o un plato de pasta.
  • El pollo asado puede utilizarse para preparar croquetas, wraps, ensaladas o empanadillas.
  • El arroz cocido puede transformarse en un arroz salteado con verduras y huevo.
  • Unas legumbres cocidas pueden convertirse en ensalada, hummus o acompañamiento.
  • El pan del día anterior puede aprovecharse para tostadas, picatostes, migas o pan rallado.
  • La fruta muy madura puede utilizarse en batidos, compotas o postres.

Cambiar la forma de pensar ayuda mucho: en lugar de preguntarte “¿qué hago con estas sobras?”, prueba a pensar “¿en qué ingrediente puedo convertirlas?”.

Aprovecha también lo que queda de un producto Hida

Esta misma filosofía puede aplicarse cuando abrimos un producto Hida y no necesitamos utilizar todo el contenido para una receta.

Si has utilizado Tomate frito Hida para acompañar unas albóndigas, por ejemplo, puedes aprovechar el resto para preparar al día siguiente una pasta, unos huevos con tomate o una base para pizza.

Si te queda Pisto Hida, puedes incorporarlo a una tortilla, servirlo con un huevo o utilizarlo como acompañamiento de carne o pescado.

Y una Cebolla frita Hida abierta puede ayudarte a completar desde una hamburguesa o un bocadillo hasta una quiche o una tostada.

Un mismo producto puede formar parte de recetas completamente distintas. Planificar varios usos antes de abrirlo es una manera sencilla de aprovecharlo mejor.

El congelador también forma parte de la planificación

El congelador es uno de los mejores aliados para evitar que alimentos y preparaciones terminen desperdiciándose.

Si has cocinado más cantidad de la necesaria y sabes que no vas a consumirla próximamente, valora congelarla cuanto antes en lugar de dejarla varios días esperando en la nevera.

Dividir la comida en raciones individuales resulta especialmente práctico porque permite descongelar únicamente la cantidad que necesitas.

También puedes etiquetar los recipientes indicando qué contienen y la fecha en la que los congelaste. Parece un detalle pequeño, pero evita acabar meses después delante de un recipiente intentando recordar qué había dentro.

Eso sí, no todos los alimentos reaccionan igual a la congelación, por lo que conviene comprobar previamente si el producto o la preparación que quieres guardar es apto para congelar.

Cocina pensando en más de una comida

Cocinar un poco más no tiene por qué generar desperdicio si lo hacemos de manera intencionada.

Puedes preparar una cantidad mayor de determinados ingredientes y utilizarlos de formas diferentes durante los días siguientes. Por ejemplo, unas verduras asadas pueden servir como guarnición un día y formar parte de una ensalada o una tortilla al siguiente.

Lo mismo ocurre con algunas bases. Tener preparado arroz, pasta, huevos cocidos o determinadas verduras puede ayudarte a improvisar nuevas comidas aprovechando lo que ya tienes.

La diferencia está entre cocinar de más sin saber qué hacer después y cocinar de más sabiendo desde el principio cuál será el segundo uso.

Diferencia entre fecha de caducidad y consumo preferente

Entender la información de los envases también ayuda a evitar desperdicios innecesarios.

La fecha de caducidad está relacionada con la seguridad del alimento y no debe superarse. En cambio, la fecha de consumo preferente indica hasta cuándo el producto mantiene sus propiedades previstas si se conserva correctamente; superada esa fecha, puede perder cualidades como aroma o textura sin que eso signifique automáticamente que sea inseguro.

Leer correctamente el etiquetado y respetar siempre las instrucciones de conservación permite tomar mejores decisiones sobre los alimentos que tenemos en casa.

Pequeños hábitos que empiezan en nuestra cocina

El Día Mundial de la Alimentación puede ser una buena ocasión para revisar algunas de nuestras rutinas, pero aprovechar mejor lo que comemos es algo que podemos practicar durante todo el año.

Mirar la nevera antes de comprar, ajustar las cantidades, ordenar los alimentos según cuándo debemos consumirlos, reutilizar las sobras o recurrir al congelador son gestos sencillos que, sumados, pueden ayudarnos a aprovechar mejor los alimentos.

Y también podemos aplicar esa lógica a los productos que utilizamos habitualmente. En Hida elaboramos soluciones pensadas para facilitar el día a día en la cocina, pero una vez abierto un producto, buscar diferentes formas de incorporarlo a nuestras recetas es otra manera de sacarle todo el partido.

Porque aprovechar mejor lo que tenemos no consiste en complicarnos más en la cocina, sino muchas veces en mirar de otra manera lo que ya tenemos en ella.

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